Cuando una crisis se vuelve oportunidad

Una cultura de innovación impulsa la resiliencia de los negocios y la recuperación económica

En tiempos de crisis, la innovación se vuelve una necesidad, y la historia nos dice que a menudo, la humanidad termina en un lugar mejor.

Una pandemia de cólera en el Londres del siglo XIX, llevó a la creación de un nuevo campo científico: la epidemiología. El desafío de descifrar los mensajes del enemigo durante la Segunda Guerra Mundial impulsó el desarrollo de las computadoras.

Con la pandemia actual, no es sorpresa ver un proceso similar de innovación. Desde que COVID-19 golpeó a la economía global, “hemos presenciado en primera fila cómo una ola de cambio transformador ha atravesado la región”, comentó Ahmed Mazhari, presidente de Microsoft Asia. “Esta no es una hazaña fácil; las organizaciones tienen desafíos por superar y la innovación ya no es un lujo. Tiene que formar una parte central en el ADN de una organización”.

Muchos otros en el mundo de los negocios están de acuerdo.

Un nuevo estudio entre Microsoft e IDC, Culture of Innovation, Foundation for business resilience and economic recovery in Asia Pacific (APAC) (Cultura de la innovación, base para la resiliencia de los negocios y la recuperación económica en Asia Pacífico), muestra que 41% de los negocios ven a COVID-19 como una oportunidad. Esos negocios también esperan recuperarse más rápido y salir de la crisis con ingresos similares o mejores que antes.

La innovación ayuda

Sin embargo, no hay que pintar un cuadro demasiado rosado. COVID-19 tiene un impacto devastador en la vida humana, y la recesión económica resultante ha visto a muchas personas perder sus trabajos o sufrir una reducción en sus ingresos.

Ante esta disrupción, las personas y las empresas hacen todo lo posible para seguir adelante. En Asia Pacífico, las organizaciones que se han adaptado, han aumentado su capacidad de innovar en los últimos seis meses. Además, a medida que adoptan el cambio, les resulta más fácil innovar.

No todas las organizaciones progresan de la misma manera, pero hay muchas cosas que podemos aprender de aquellos que lideran el camino.

Entender la cultura de la innovación

El estudio incluye un marco de cultura de innovación, el cual describe una interacción de personasprocesosdatos y tecnología para evaluar la manera en que una organización aborda la innovación.

También identifica cuatro etapas a lo largo del camino hacia una cultura madura de innovación: tradicionalista, novato, adoptante y líder. Adicional a esto, brinda orientación para ayudar a las organizaciones a volverse líderes, para que puedan responder a los desafíos y recuperarse más rápido.

¿Qué tienen en común los líderes?

Casi todas las organizaciones (98%) identificadas como líderes, con la cultura de innovación más avanzada, comparten la creencia de que la innovación es clave para responder más rápido a los desafíos y oportunidades del mercado. Estos líderes son más resilientes a las crisis como la actual pandemia y esperan recuperarse más rápido.

Esta resiliencia da forma a su percepción de los resultados de negocio. Alrededor del 50% de aquellas organizaciones identificadas como líderes, reportaron un incremento esperado de los ingresos totales cuando se les preguntó qué impacto piensan que COVID-19 tendrá en su negocio en general en 2020.

Los líderes también reconocen la importancia de la transformación digital y aceleran el ritmo de la digitalización en respuesta a la crisis. Ochenta y siete por ciento tienen la intención de acelerar iniciativas, como lanzar productos digitales, pagos digitales, ecommerce y automatización. Sólo 66% de otras organizaciones tienen la intención de hacerlo de manera similar.

Más allá de productos, servicios y procesos digitales, los líderes comprenden la urgencia de rediseñar sus modelos de negocios en general. De hecho, los líderes ya han comenzado a repensar sus modelos actuales de negocios y han comenzado a explorar nuevos, para asegurar la resiliencia y la recuperación rápida del negocio.

Tal vez la característica más llamativa de los líderes es su enfoque para la planificación a futuro. Los líderes buscan preparar sus negocios para el futuro, al enfocarse en las capacidades tecnológicas y de las personas. Esta actitud parece estar años por delante de otras organizaciones que todavía trabajan en su digitalización. Las organizaciones líderes saben que las personas son el ingrediente clave y que impulsarlas para utilizar la tecnología con éxito es el desafío del futuro.

Las personas son clave

Mazhari lo pone de esta manera: “La crisis actual nos ha mostrado cuánto dependen de las personas la continuidad del negocio y nuestro éxito futuro, y las personas necesitan estar preparadas por completo para adoptar la realidad digital, junto con la tecnología, que si bien es importante, por sí sola no hará una diferencia. Son las capacidades y las habilidades de las personas las que permitirán a las organizaciones innovar y transformarse”.

Una organización líder comparte algunas mejores prácticas que todos pueden implementar.

Ochenta y nueve por ciento han desarrollado una cultura que promueve ideas disruptivas y fomenta la innovación como un valor corporativo. Ochenta y dos por ciento dan prioridad y formalizan recompensas de innovación sobre el rendimiento tradicional, y contratan una fuerza laboral diversa entre industrias, multicultural y multigeneracional. Y 70% invierte en el crecimiento de las capacidades y las iniciativas de capacitación de toda la empresa.

Esta apertura ayuda a desbloquear el potencial de las personas para acelerar la transformación.

Resiliencia y recuperación

Cuando las personas de una organización han adoptado por completo el concepto de una cultura de innovación, los otros elementos de la tecnología, datos y procesos entran en su lugar. De manera abrumadora (92%), las organizaciones líderes invierten en tecnologías disruptivas para impulsar la innovación y la transformación del negocio.

Los líderes también son más sistemáticos en su enfoque. Desarrollan procesos específicos para impulsar la innovación. También han dedicado presupuestos para impulsar su innovación y programas digitales.

Ellos también entienden la importancia de aprovechar los datos para diferenciarse y mejorar sus productos y servicios. Adicional a esto, toman decisiones para habilitar la colaboración y el intercambio de conocimiento en toda la empresa.

Esta combinación de adopción y capacidad tecnológicas es conocida como intensidad tecnológica. “Ahora que cada organización se Vuelve digital, alcanzar el éxito en la transformación requiere de la adopción de herramientas y tecnologías, así como de sus propias capacidades digitales”, mencionó Mazhari. “La cultura que fomenta la innovación y adopta las oportunidades digitales es crítica, ya que prepara a la fuerza laboral y a las organizaciones para los desafíos actuales y futuros”.

El estudio establece cuatro pasos que cualquier organización puede seguir:

  • Fortalecer la resiliencia con tecnología
  • Invertir en las capacidades y habilidades de la gente
  • Aprovechar los datos para incrementar la competitividad
  • Rediseñar procesos para impulsar a las personas para innovar de manera continua

Mazhari reitera que la cultura de innovación se consigue a través de la combinación esencial de la tecnología y el impulso a los empleados.

“Para tener éxito en la nueva normalidad e impulsar la transformación digital, no sólo debemos tener una base digital robusta, también necesitamos garantizar que nuestra gente tiene las habilidades y las herramientas para trabajar juntos e impulsar la disrupción. En última instancia, queremos asegurar un futuro más resiliente e inclusivo para todas las organizaciones. En Microsoft, estamos comprometidos en trabajar con las organizaciones en Asia Pacífico para hacer que esto suceda, juntos”.

Algunos desafíos de la Educación Superior y las tecnologías

Fuente: www.aequalis.cl

El Covid-19 ha acelerado dramáticamente diversos cambios en la forma de desarrollar las actividades humanas. Algunos hechos que pensábamos se darían en el próximo quinquenio, los estamos viviendo, y a veces sufriendo, hoy en día.

Algunas industrias estaban mejor preparadas para el actual escenario y a otras les ha impactado en mayor forma, pero todas las actividades humanas serán bien diferentes cuando salgamos de la actual etapa de pandemia. En todas ellas, las tecnologías estarán mucho más presentes que en el pasado.

Por otra parte, la Educación Superior tiene un conjunto de desafíos relevantes en los cuales perseverar y las tecnologías pueden ser parte de la solución a dichos retos.

Desde la enunciación de la “Ley de Moore” en los años sesenta, las tecnologías (sistemas de información, robotización, movilidad, realidad virtual, domótica y otras), han venido creciendo exponencialmente, aumentando su influencia en la vida y el trabajo humano. Todo indica que ellas continuarán creciendo de la misma forma, así es que este es un factor que hay que tener en cuenta en cualquier estrategia para navegar los años que vienen.

Paralelamente, desde su origen, Internet ha venido colocando a disposición de todo el mundo, muchas veces de manera gratuita, cantidades crecientes de información, mucha de la cual antes había que obtenerla pasando por las instituciones de Educación Superior.

De esta manera, algunos de los principales desafíos de ella son la atracción de talento, la continuidad de sus operaciones y el éxito en su misión formadora de estudiante, la sustentabilidad financiera y la reducción de costos, el mantener su reputación y la cada vez más ardua competencia/colaboración nacional e internacional.

Atraer talento es, desde siempre, una de las herramientas que utilizan las organizaciones líderes de todos los sectores para mantener y proyectar sus actividades. En la actual situación, atraer talento a las universidades, puede parecer una inconsistencia en un escenario que posiblemente empuja en sentido contrario, pero es necesario para enfrentar los actuales desafíos, marcados por nuevos paradigmas, nuevos modelos de negocios y continuo avance de las tecnologías. Una opción para las instituciones de Educación Superior es buscar ese talento en otras industrias, que ya hayan pasado por la situación que la Academia está viviendo hoy en día, aprovechando esas experiencias para potenciar su andar y salir bien posicionada de la crisis.

La continuidad de las operaciones y el éxito de los estudiantes que hoy están en la educación superior, sin duda, es un desafío no sólo para cumplir con el propósito de formación de cada institución de educación superior, sino que también para mantener la reputación. Las tecnologías están ayudando, y pueden seguir haciéndolo, a que la experiencia de esos alumnos sea buena y recuerden estos años como los del cambio de paradigma hacia un escenario con nuevas formas de hacer las cosas, que incluyen un mayor uso de las tecnologías, que es el mundo que a los jóvenes les atrae y son más afines.

Las tecnologías también pueden ayudar a la sustentabilidad financiera de las organizaciones. Aquellas permiten realizar más eficientemente y a menores costos muchos de los procesos educativos y del back office de la educación, evitan el re-trabajo y hacen que los procesos sean más rápidos, tal como lo exigen hoy los demandantes de cualquier servicio. Hace ya algunas décadas que otras actividades humanas comenzaron a desplegar masivamente tecnologías en todos sus procesos, (por ejemplo, los sistemas de gestión ERP’s) y eso les ha ayudado a reducir costos y tiempos de entrega de sus bienes y servicios.

Para que puedan aportar sustantivamente valor a las instituciones de educación, se requiere de un enfoque integral de su implementación, que se debe plasmar en la estrategia y bajar desde ella hasta toda la operación y a cada uno de los rincones del quehacer educacional. En el actual escenario, no ayuda mucho para dar mayor sustentabilidad a la institución, tener algunas áreas aisladas (o “silos) de las tecnologías, más aún si es que deben estar conectadas con el resto para lograr una gestión integral.

También pueden contribuir a mantener la reputación de las IES. Un buen contraejemplo es que para una institución que no use tecnologías y quisiese permanecer en esa forma, le será imposible atraer talento con experiencia para su gestión, como jóvenes soñadores que quieran venir a estudiar a ella. El uso masivo de las tecnologías es hoy una obligación para mantener la reputación y el valor público que han alcanzado las entidades educacionales, así como las organizaciones de todas las industrias.

El alto dinamismo en la actividad de Educación Superior es y será cada vez más fuerte y por ende hay que estar bien preparados. Al crecimiento global de la oferta educacional tradicional (campus) y la reducción de la tasa de natalidad, que significa menor demanda, se ha sumado en los últimos años la educación virtual, que día por día (y operando a costos marginales) está avanzando, borrando la protección que antaño significaban las fronteras geográficas de las naciones. Por cierto, la educación virtual no apareció con el Covid-19 pero se hizo visible y exponencialmente más popular con la pandemia, acelerando procesos que de otra manera hubiesen tomado algunos años.

A la educación virtual dictada por universidades extranjeras, se suma la iniciativa de varios importantes empleadores internacionales por brindar directamente algún nivel de formación formal a sus empleados, haciendo que esas personas no requieran pasar por instituciones de educación superior.

¿Pueden las tecnologías ayudar también a este desafío? Por cierto, que sí. Parte importante de esta mayor competencia se da de manera digital y por ende se debe contar con un ecosistema que permita operar en estas ligas. De hecho, la llamada “Transformación Digital”, tiene mucho de análisis estratégico, de revisión de procesos, de transformación cultural de las personas y sólo una parte es propiamente digital. Lo anterior no tiene necesariamente que ver con la infraestructura de emergencia que se ha debido expandir para conectar a los miembros de la comunidad educacional, sino que se refiere a que lo requerido para proyectarse, es una mirada estratégica que abarca el análisis del actual entorno y la adecuación a este escenario de todas las actividades, variables y procesos educativos.